
Kurabe empezó a trabajar bajo las órdenes de su jefa, Sakino. Cada vez que terminaban una tarea, celebraban con tragos, lo que siempre llevaba a encuentros sexuales. Justo después de que Sakino llegaba al clímax y se quedaba dormida, su hija, Sakana, aparecía en la habitación. Frente a los ojos de su madre, Sakana comenzaba a desear el miembro de Kurabe.